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20/03/2026
BALANCE SOCIOSANITARIO. CUIDAR EN FEMENINO

Cuidar en femenino, el gran desafío del sistema de dependencia
 
Gema Ortiz
marzo 19, 2026
9:00 am
En un mes marcado por el debate sobre la igualdad, el sistema de cuidados interpela de lleno a las políticas públicas y al sector sociosanitario. La dependencia sigue teniendo un rostro mayoritariamente femenino, tanto entre quienes necesitan cuidados como entre quienes los prestan. Y esa doble feminización no es neutra: revela una organización social en la que el cuidado se ha asignado históricamente a las mujeres, primero en el ámbito familiar y después en el laboral, a menudo en condiciones de menor reconocimiento y menor valor económico. Avanzar hacia cuidados compartidos y corresponsables se perfila como una condición imprescindible para garantizar la sostenibilidad del sistema y corregir una desigualdad que atraviesa empleo, familia y bienestar social.

En España, cuidar, ya sea en casa o en un centro socio-sanitario, continúa siendo, en gran medida, cosa de mujeres. La cuestión ya no es sólo constatarlo con cifras, sino dar respuesta a cómo garantizar más cuidados sin precarizar a quienes cuidan y sin perpetuar una desigualdad estructural.

Mujeres mayores, perfil predominante de la dependencia.
Los datos del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), difundidos por el IMSERSO y el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, muestran una tendencia estable; las mujeres representan en torno al 62 % de las personas solicitantes, frente al 38 % de hombres. En cifras absolutas, de más de 2,3 millones de solicitudes registradas, más de 1,4 millones corresponden a mujeres. La brecha se agranda con la edad. Las personas mayores de 80 años constituyen el grupo más numeroso dentro del sistema y, dentro de ese tramo, la mayoría son mujeres. La feminización de la longevidad se traduce así en una feminización del acceso a los cuidados, evidenciando la relación entre envejecimiento, género y dependencia.

Desde la Federación Empresarial de la Dependencia (FED), su presidente Ignacio Fernández-Cid se refiere a esta “doble realidad”: las mujeres concentran en torno a dos tercios de las situaciones de dependencia —fundamentalmente por razones demográficas— y, al mismo tiempo, el cuidado no profesional sigue recayendo mayoritariamente en hijas o cónyuges.

“Mientras el sistema dependa de que haya una mujer disponible en la familia, el reparto seguirá siendo desigual”, advierte. Cuando la red pública es insuficiente o llega tarde, el cuidado se privatiza y se asume en el ámbito familiar, “con un impacto directo en la trayectoria laboral, la salud y la renta de las cuidadoras”.

Este punto es clave para entender lo que, inevitablemente, está por venir en los próximos años, ya que si la población envejece y la dependencia aumenta, la demanda de cuidados crecerá de forma sostenida. Pero si el sistema sigue apoyándose en la misma base de siempre, mujeres, dentro y fuera del empleo, el riesgo es consolidar la desigualdad en lugar de corregirla.

De ahí que este reto demográfico añada presión. Las estimaciones del Ministerio apuntan a que, para 2030, España necesitará muchas más trabajadoras (y trabajadores) en cuidados de larga duración. La horquilla del propio informe, “Estimación de necesidades de trabajadoras de cuidados de larga duración a 2030”, es amplia: entre 261.000 y 639.000 profesionales adicionales según el escenario (desde mantener coberturas actuales hasta reforzar servicios). Incluso en el escenario más conservador, el crecimiento es enorme.

Un sector laboral con mayoría de mujeres
La desigualdad se replica en el empleo formal. Los servicios de atención a la dependencia —residencias, centros de día y ayuda a domicilio— siguen siendo uno de los ámbitos más feminizados del mercado laboral. En centros residenciales de mayores, el porcentaje de mujeres supera ampliamente el 80 % y en algunos registros llega a situarse por encima del 85 %.

La presidenta de la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (AESTE), Lourdes Rivera, confirma que “las mujeres representan más del 80 % de las plantillas en el sector de los cuidados”, tanto en residencias como en atención domiciliaria y teleasistencia. Aunque en los últimos años se han incorporado más hombres, el sector sigue estando “claramente feminizado”.

En el ámbito del Tercer Sector, la fotografía es similar. El presidente del Grupo Social Lares, José Luis Pareja, señala que “más del 75 % de las personas contratadas son mujeres”, patrón que se intensifica en el ámbito residencial, cuya cifra “supera el 86 %”.

La feminización de la longevidad se traduce así en una feminización del acceso a los cuidados, evidenciando la relación entre envejecimiento, género y dependencia

Sin embargo, esa mayoría no siempre se ha trasladado a los niveles superiores de responsabilidad. Rivera reconoce que, históricamente, la presencia femenina en plantilla no se reflejaba en los puestos directivos, aunque hoy la gran mayoría de las direcciones de centros están ocupadas por mujeres. Pareja introduce un matiz: en residencias, la presencia femenina en dirección ronda el 80 %, pero en direcciones generales baja a alrededor del 40 %. Más allá de porcentajes, el debate no es solo de presencia: también es de reconocimiento, de condiciones y de carrera profesional en un trabajo esencial.

Y es que la feminización no es solo cuantitativa, también es cualitativa. Se concentra en categorías de atención directa, gerocultoras, auxiliares, ayuda a domicilio…, donde confluyen una mayor carga física, emocional y, con frecuencia, un menor salario.

Financiación: el eje que tensiona el modelo
La pregunta es por qué, si es un servicio esencial, sigue siendo un empleo tan frágil y tan poco reconocido. Las patronales consultadas coinciden en que la discusión sobre condiciones laborales no puede desligarse de la financiación pública. Así, desde el Círculo Empresarial de Atención a las Personas (CEAPs), su presidente, Rafael Sánchez-Ostiz, identifica dos factores que empujan a la feminización y, al mismo tiempo, a la precarización: uno estructural —la idea de que cuidar es “natural” en las mujeres— y otro económico. “Cuando la financiación pública no acompasa el coste real del servicio, la presión acaba bajando por la cadena hasta el empleo”, sostiene. Con una inversión en dependencia en torno al 0,9 % del PIB —lejos del 2 % de países del entorno—, resulta difícil, a su juicio, consolidar un sistema capaz de atraer y retener talento.

En este sentido, y respecto a la financiación insuficiente y la falta de personal disponible, José Luis Pareja es rotundo al afirmar que “cuidar cuesta dinero y cuidar bien cuesta más dinero”. Si el sistema exige más ratios y más requisitos sin recursos suficientes, la presión recae sobre las plantillas. De ahí su propuesta de un gran Pacto Nacional por la atención a la dependencia, “cuarto pilar del Estado del bienestar”, que garantice financiación estable, equidad territorial y reglas de juego duraderas.

Asimismo, en FED insisten en el vínculo directo entre calidad asistencial y calidad del empleo. “No puede haber atención de calidad sin empleo de calidad”, resume Fernández-Cid. Retener talento femenino exige estabilidad contractual, planificación de plantillas, itinerarios profesionales claros y reducción de la parcialidad involuntaria. Pero todo ello, advierte, depende de que la financiación cubra el coste real del servicio.

En centros residenciales de mayores,el porcentaje de mujeres supera ampliamente el 80 %y en algunos registros llega a situarsepor encima del 85 %

Desde la Asociación Estatal de Entidades de Servicios de Atención a Domicilio (ASADE), su presidente, Ignacio Gamboa, introduce una puntualización al rechazar que deba asumirse, de forma generalizada, que el sector de los cuidados esté precarizado, recordando que existe un marco normativo claro y un convenio colectivo sin brechas salariales por género. Sí reconoce, no obstante, retos como la parcialidad o la turnicidad y defiende que el impulso debe venir del reconocimiento social e institucional del sector, acompañado de recursos suficientes. “Es fundamental que la sociedad asuma que un profesional de los cuidados, sea hombre o mujer, presta un servicio esencial y altamente cualificado, con la misma dignidad y valor que otros profesionales sanitarios o sociosanitarios”.

Justo en la misma línea, Sánchez-Ostiz insiste en que “la reforma más determinante no es solo laboral, es de modelo. Si el cuidado se considera un ‘asunto privado’, lo resolverán las familias y, dentro de ellas, lo asumirán mayoritariamente las mujeres. La balanza se nivelaría, en parte, si se reconoce como un servicio esencial del Estado del bienestar y se diseña como política pública, con financiación suficiente, accesible y con garantías.”

Corresponsabilidad, más allá del hogar
Un cuidador sonriente sirviendo comida a un anciano en casaSi el cuidado ha sido históricamente una responsabilidad femenina, revertir esa inercia exige actuar en varios planos. Para la presidenta de AESTE, la corresponsabilidad no es solo una cuestión familiar. Es “laboral, social e incluso política”. Rivera insiste en que la conciliación real “depende de una conciencia social por un lado, con un mensaje claro: cuidar no es algo que dependa solo de las mujeres, y por otro, desde el ámbito laboral, de horarios, permisos y servicios públicos suficientes”.

CEAPs coincide en que no basta con apelar a la buena voluntad. “Hay que educar la corresponsabilidad y hacerla posible”, sostiene Sánchez-Ostiz. Así, defiende campañas sostenidas desde la infancia y estrategias similares a las que impulsaron la entrada de mujeres en carreras STEM, pero orientadas ahora a atraer hombres a sectores feminizados como cuidados, educación o trabajo social.

Además, considera imprescindible el refuerzo de las plantillas, agilizando la homologación de títulos, el reconocimiento de competencias y abriendo la puerta a una migración legal, ordenada y planificada. “Ampliar la base profesional reduce la sobrecarga que hoy soporta una plantilla mayoritariamente femenina, permite estabilizar turnos, mejorar condiciones y hacer el sector más atractivo también para hombres. Y cuando el sistema cuenta con más profesionales disponibles, disminuye la carga que recae en las familias y, en consecuencia, sobre las mujeres”.

También en este punto coincide Lourdes Rivera al asegurar que “si queremos avanzar, hay que seguir profesionalizando los cuidados con una formación de calidad, salarios transparentes y criterios objetivos de promoción. Además, es importante vigilar que no se produzca el “ascensor” hacia puestos de mando solo para hombres. Y fomentar que ellos también usen medidas de conciliación. Si los hombres no cuidan, ni en casa ni en el trabajo, nada cambia de verdad”.

Pero si hay algo en lo que todos coinciden es en que una de las principales barreras respecto a la escasa presencia masculina en los cuidados sigue siendo la cultural. Desde Lares, Pareja recuerda que persiste la idea de que cuidar es “cosa de mujeres”.

Si el sector no mejora en condiciones y reconocimiento, atraer hombres será difícil. Y retener mujeres también. Como ejemplo, cita experiencias en países del norte de Europa, como Finlandia, donde se han impulsado campañas específicas para atraer hombres a estos empleos, algo que, según asegura, “en España no existe” de manera comparable.

Si el sistema sigue apoyándose en lamisma base de siempre, mujeres, dentroy fuera del empleo, el riesgo es consolidarla desigualdad en lugar de corregirla

Por su parte, Ignacio Gamboa considera que todas las políticas orientadas a mejorar la percepción social del sector y de los profesionales que lo integran contribuirán a atraer y retener a un mayor número de trabajadores, incluidos los hombres.

“A menudo se tiende a reducir el debate exclusivamente a la cuestión salarial. Resulta imprescindible hacer del sector un ámbito atractivo en términos de salarios, estabilidad, flexibilidad, posibilidades de desarrollo profesional y cercanía del puesto de trabajo. Esto obliga a repensar un modelo de atención excesivamente rígido, basado en una planificación estricta hora a hora, que limita tanto la calidad del servicio como la capacidad de atraer nuevos perfiles profesionales», agrega.

Del asistencialismo a los apoyos para la autonomía
En este punto, el debate se desplaza del “quién cuida” al “cómo se cuida”, es decir, del enfoque asistencial a modelos que buscan más autonomía y personalización. En este sentido, desde FED defienden avanzar hacia una red de servicios profesionales integrada y flexible: prevención, apoyos comunitarios, atención domiciliaria suficiente, centros de día, soluciones habitacionales con servicios y recursos residenciales cuando la dependencia es alta. “Este enfoque reduce de manera directa la carga que hoy recae sobre las mujeres de la familia, porque sustituye el cuidado improvisado o asumido por obligación por apoyos profesionales planificados, coordinados y ajustados a la intensidad real que necesita cada persona”, asegura su presidente.

De flexibilidad habla también el presidente de ASADE, al asegurar que “es necesario replantear los modelos de atención y avanzar hacia nuevas fórmulas de colaboración público-privada. Modelos más flexibles, centrados en la calidad y en las expectativas tanto de las personas usuarias como de los profesionales, y no únicamente en la contabilización de horas de presencia en el domicilio”. En definitiva, “avanzar en el reconocimiento efectivo del derecho a ser cuidado, dotando al sistema de los recursos suficientes”.

CEAPs advierte, por su parte, que impulsar discursos de desinstitucionalización sin la citada financiación adecuada puede tener el efecto contrario: desplazar la carga al hogar. Si el sistema no cubre las necesidades reales, el vacío lo absorben mayoritariamente mujeres. En definitiva, asegura su presidente, Rafael Sánchez-Ostiz, “profesionalizar y fortalecer la red de servicios no solo mejora la calidad de vida de las personas en situación de dependencia, también corrige una desigualdad estructural en el reparto de responsabilidades dentro de la sociedad”.

Lourdes Rivera hace mención también a las ventajas de una red flexible y anticipada: teleasistencia, ayuda a domicilio con una intensidad suficiente, centros de día y servicios de respiro combinados según el momento vital. “Cuando el apoyo llega tarde, el cuidado ya ha recaído en una mujer, y eso es muy difícil de redistribuir. También es clave que haya un profesional de referencia que coordine, para que la familia no tenga que sostener sola todo el sistema. Y en los casos en los que el cuidado en el hogar se hace ya muy difícil, la solución óptima son las residencias”. La presidenta de AESTE subraya, además, el papel de la tecnología y la coordinación sociosanitaria. La teleasistencia avanzada y una continuidad asistencial real pueden aliviar “mucha carga invisible”, anticiparse a crisis y reducir desplazamientos innecesarios, descargando tanto a profesionales como a cuidadoras familiares.

Si las patronales sitúan el foco en la financiación y el modelo, los sindicatos ponen el acento en la experiencia cotidiana de las trabajadoras

A este respecto, desde Lares, José Luis Pareja también apunta al papel de la tecnología y de ayudas técnicas para reformar un modelo centrado en la persona sin aumentar la carga física y emocional, que recae mayoritariamente sobre las mujeres. Esto es: sistemas de detección de caídas y dispositivos para movilizaciones que reducen esfuerzos y mejoran la salud laboral. Aún así, insiste en que la atención directa y el vínculo siguen siendo esenciales.

También recuerda que las residencias funcionan 24 horas al día, 365 días al año y que medidas generales como la reducción de jornada requieren una adaptación específica en este tipo de centros para no tensionar turnos y plantillas. Plantea, además, una medida concreta de reconocimiento para las categorías más expuestas físicamente (auxiliares y gerocultoras), defendiendo que puedan acceder a una jubilación anticipada, al considerar que tras 25 o 30 años de trabajo, muchas llegan con lesiones y un desgaste difícilmente comparable a otros ámbitos.

Dignificar el cuidado para sostener el sistema
Mujer enfermera reflexionando mientras sostiene un cuadernoSi las patronales sitúan el foco en la financiación y el modelo, los sindicatos ponen el acento en la experiencia cotidiana de las trabajadoras. Desde la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO (FSS-CCOO), la secretaria de Mujeres e Igualdad, Isabel Márquez, es clara: “La precariedad del sector de los cuidados tiene un claro sesgo de género. Las mujeres sostienen el sistema a costa de su propia salud y bajo peores condiciones de trabajo”. El sindicato enumera parcialidad estructural, jornadas partidas, infravaloración de categorías feminizadas, externalizaciones y brechas salariales indirectas como factores que sostienen esa desigualdad.

“El sistema se ha construido sobre la idea de que el trabajo de las mujeres puede ser barato y siempre disponible”, denuncia. El impacto en la salud es, aseguran, enorme: lesiones musculoesqueléticas, burnout, ansiedad y bajas prolongadas. “No podemos enfermar por cuidar”. Exigen ratios obligatorias por ley, tiempos reales de atención, evaluaciones de riesgos con perspectiva de género, apoyo psicosocial y estabilidad contractual.

Desde UGT, Carmen López Lucas, secretaria de Dependencia e Intervención Social, y Julia Pérez González, secretaria de Formación, Mujer e Igualdad, enmarcan la mejora de condiciones como una política de Estado. El cuidado es “una necesidad social básica y permanente” que requiere planificación pública y marcos normativos que aseguren derechos tanto a quienes reciben cuidados como a quienes los prestan. Para medir avances, proponen indicadores como la tasa de participación laboral de mujeres con personas a cargo, el número de plazas públicas disponibles, el uso efectivo de permisos parentales compartidos o la brecha salarial vinculada a responsabilidades de cuidado.

También advierten del techo de cristal en un sector mayoritariamente femenino y reclaman turnos estables, jornadas flexibles adaptadas a necesidades familiares, ampliación de permisos remunerados y reducción de jornada sin penalización salarial.

Desde OSAD, sindicato sectorial de ayuda a domicilio, su secretaria general, Elena Vidal, hace una denuncia aún más concreta. Sostiene que el servicio se ha ido precarizando hasta convertirse “cada día más en un servicio de limpieza prestado por mujeres en los domicilios y subvencionado por las Administraciones Públicas”. Alerta de salarios prácticamente equiparados al salario mínimo interprofesional y de la pérdida de poder adquisitivo en los últimos años, lo que obliga a muchas trabajadoras a encadenar empleos.

También señala la dimensión cultural: cuando se asigna un auxiliar hombre, algunas personas usuarias solicitan el cambio porque asocian el servicio al rol doméstico femenino. Y advierte del problema de relevo generacional: las personas jóvenes optan por otros sectores con mejores condiciones mientras el envejecimiento poblacional incrementa la demanda.

“Hay que dignificar las condiciones y no se puede esperar más”, alertan. Porque, si no se hace, la consecuencia es clara: mujeres que abandonan su empleo para volver al hogar a cuidar, y un sistema que retrocede.

Igualdad y sostenibilidad, dos caras de la misma moneda
El debate sobre la feminización de los cuidados no es solo una cuestión estadística. Es un debate sobre el modelo social. Como asegura Rafael Sánchez-Ostiz, tampoco se trata únicamente de un tema de justicia de género, se trata de eficiencia social. “Si queremos una sociedad más justa y preparada para el reto demográfico, el cuidado tiene que dejar de ser una responsabilidad invisible y convertirse en una política social”.

Y es que la sostenibilidad del sistema y la igualdad de género no son debates paralelos, son la misma discusión. Y la decisión que España adopte en esta década, financiación suficiente, profesionalización real y corresponsabilidad efectiva, marcará no solo el futuro del sector sociosanitario, sino el tipo de sociedad que quiere ser cuando necesite, inevitablemente, ser cuidada. En definitiva, el desafío de los cuidados es, a la vez, un desafío de igualdad. Y quizá por eso, en el mes dedicado a la mujer, no hay pregunta más pertinente para el sector sociosanitario que esta: ¿qué modelo de cuidados queremos construir y quién lo sostendrá?

https://balancesociosanitario.com/actualidad/cuidar-en-femenino-el-gran-desafio-del-sistema-de-dependencia/